domingo, 18 de diciembre de 2011

Infinitomasuno: ¡te puede pasar a ti!


JOSÉ ALBERTO SUTIL

La productora Infinito+1, dirigida por Juan Manuel Cotelo, ya dio la campanada con la película «La última cima», sobre la vida del sacerdote madrileño Pablo Domínguez. A caballo entre el largometraje y el documental, la cinta da ahora el salto a EE UU y sigue provocando numerosas conversiones entre sus espectadores. Quizás por eso, Cotelo ha decidido ahora embarcarse en otro proyecto titulado «¡Te puede pasar a ti!». ¿Qué tienen en común un pandillero, una secretaria, una santera masona, una modelo, un prostituto homosexual, una escritora, un terrorista, una actriz, un escultor y un boxeador por ejemplo? Pues que antes ninguno creía en Dios, pero se encontraron con él y su vida cambió ¡radicalmente! Son testimonios procedentes de todas partes del mundo. Pero es que, además, Cotelo tiene el arrojo de abrir las puertas de su caravana a gente similar a cada uno de estos conversos para ¡visionar con ellos su reportaje! El crítico de cine José Luis Panero le ha hecho a Juan Manuel Cotelo la siguiente pregunta: «¿Los conversos son santos en vida?». Y la respuesta no tiene desperdicio: «Son personas que han descubierto un sentido más hermoso para sus vidas y se han puesto en camino hacia ese rumbo diferente, atraídos por una receta que hasta entonces desconocían o no habían practicado, aunque la conocieran: el amor a quien tengas delante y el amor a Dios, a quien ahora reconocen como su Creador y Señor. Ninguno de ellos tiene garantizada la victoria. Es más, podríamos decir que tienen garantizada la derrota el día en que confíen en sus propias fuerzas, en sus méritos. La autosuficiencia arruina todo, aunque siempre puedes volver a empezar de nuevo, una y otra vez. Todo el secreto de la vida religiosa se reduce a dejarse amar por Dios, a dejar de caminar a solas, con tu propio esfuerzo, para ponerte en brazos de tu Padre Dios. Esto puede sonar a un cuento de hadas para quien no lo haya intentado nunca, como podría resultarle absurdo creer que se puede flotar en el agua a una persona que jamás haya recibido clases de natación. Pero es posible y no depende de la suerte. Es un contrato entre dos partes, donde la firma de Dios ya está en el papel, y falta añadir la nuestra, sin que nadie pueda obligarnos a ello, ni el propio Dios, que se limita a invitarnos, poniéndose a nuestro servicio». O sea que no solo el Adviento sino todo tiempo vivido en cristiano es tiempo de conversión para encontrarnos con aquel a quien esperamos? Infinito más uno, Dios y tú, te puede pasar a ti, ¿que no te lo crees? De momento, visita infinitomasuno.org.

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