domingo, 7 de noviembre de 2010

Cristo recorre la historia con su Cruz


JOSÉ ÁLVAREZ ESTEBAN

A la hora de dar forma a este espacio religioso puedo decidirme por lo que ya es noticia, comentario y hasta centro de diana, valoración en todo caso de la venida de Benedicto XVI a Santiago de Compostela y a Barcelona. Puedo quedarme, y voy a hacerlo, con el paso de la Cruz de los Jóvenes por Zamora, parada y fonda, meta de una carrera por etapas, que recorre los países del mundo. Ni somos los primeros ni seremos los últimos. Cuando se trató de dejar a los jóvenes un símbolo de identificación, bien fuesen creyentes o tan solo afines y sensibles a los principios de la fe, Juan Pablo II no pensó en banderas, ni en las canciones del momento, ni en postulados bendecidos por la progresía, eligió la Cruz.

Al restaurar el pequeño retablo del Nacimiento de la Virgen de Santiago del Burgo se hizo visible la figura de la emperatriz Santa Elena con la Cruz. Alude a lo que conocemos como «Invención de la Santa Cruz», invención que no cuento, ni engaño o ficción, ni producto de las tendencias religiosas del momento, sino descubrimiento de algo largamente buscado. Si hay algo permanente en el tiempo, eso es la Cruz, símbolo de lo que han dado de sí y seguirán produciendo deslices y equivocaciones humanas, expresión de la solidaridad de Dios con quienes los soportan.

Dice el escritor Rafael Sierra que «hay conceptos antagónicos que se completan de un modo asombroso. La virtud no sería tanto sin el vicio, la ternura es más grata porque hay crueldad, el silencio es un bien aún más preciado cuando los ruidos nos aturden y la luz no sería gran cosa sin unas tinieblas a las que iluminan». ¿Y la cruz? Pues no sería más que uno de tantos instrumentos de tortura, como los que se exponían fechas atrás en la Plaza Sagasta, si en ella y desde ella no se nos hubiese manifestado el amor de Dios, si clavado en ella como regalo añadido no hubiésemos recibido «un consuelo permanente, una gran esperanza y fuerza para vernos libres del mal» en palabras de San Pablo a los Tesalonicenses.

Benedicto XVI en su «Jesús de Nazaret» nos ha dejado un bellísimo capítulo sobre la Cruz. Su lectura puede ponernos en forma para no dejar pasar desapercibida la llegada de la Cruz de los Jóvenes a Zamora. «La cristiandad, dice, ha visto en ella una misión duradera. Jesús es un ejemplo paradigmático de las víctimas de la violencia. Cristo recorre la historia con su Cruz buscando manos como las de la Verónica y las de Simón dispuestas a acarrear pesadas cruces». Cruz de los jóvenes en Zamora y visita de Benedicto XVI a Santiago de Compostela y Barcelona como prólogo y aperitivo. La Cruz, porque en ella colgó Cristo, revela que la muerte no es el final, recorre el mundo, la cargan millones de personas, miles de jóvenes, y al tiempo que la portan aprenden en ella porque es una escuela de investigación de la conciencia, de conversión, de cambio interno y de compasión.

La Opinión-El Correo de Zamora, 7/11/10.

No hay comentarios:

Publicar un comentario